21 Enero 2008
"La saliva se va pegando a mi paladar
y
apenas puedo
articular sonido alguno.
Suena mi corazón,
lleno de palabras,
lleno de emociones,
lleno de nostalgía:
las palabras de los amigos,
las emociones de mi amante,
la nostalgia de alguna situación
que me haga vibrar
con el más amplio sentido de la vida.
Te he perdido por unos momentos.
Añoro con persistencia el día de nuestro encuentro.
No se,
en el mundo,
en el cielo,
o
en
la
luna
donde nos encontremos...
Ripios facilones. Pero es lo que me apetecía escribir en este momento.
José Antonio Lato Nogales.
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19 Enero 2008
Es dificíl no creáis, escribir así. Sobre todo escuchando a Sabina canntado Barbie Superstar. Pero no importa. Vamos a ver que sale.
No le voya dar título alguno. A veces los titulos sulene robar la intimidad al texto. Dice Sabina: sube tus caderas pa lante y patrás... Una canción marchosa, muy marchosa en todos los sentidos. Hoy está siendo uno de esos días tranquilos. Descanso como casi todos los sábados desde hace un par de meses. Porque mi horario de trabajo es de domingo a sábados. Pero no importa, tal y como van las cosas es un privilegio tener un trabajo medio digno.
Bueno, en realidad tenía anoche alguna letrilla en la cabeza,(entonces esto hasta aquí ha sido escritura automática), a partir de aquí serán recuerdos, recurdos fugaces de un poeta con el corazón malherido.
"NO SE DONDE ESTÁS...
NI DE QUE COLOR SERÁN TUS OJOS...
NO PUEDO IMAGINARME TU MIRADA DE FRENTE,
PERO LO HAGO DE REOJO,
COMO LOS AMANTES QUE ENLOQUECIDOS
BUSCAN CUALQUIER EXCUSA PARA ENCONTRAR EN ELLA EL AMOR.
No se donde estás, pero me gustaría rozar la piel suave y tersa
que tienes que tener para que te ame,
suave y tersa para juntarla con la mí,
y así, cubrir las heridas de un poco que divaga
como un matemática en su escritorio.
No se donde estas, y como eres,
pero me gustaría que estuvieras y que fueses...
Ojalá.
No pararía de besarte.
José Antonio Lato Nogales
elpoetasevillano@hotmail.com
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19 Enero 2008
29 Diciembre 2007

YO SUEÑO UNA UTOPÍA
Sí,
es verdad,
soy cómplice, auator y amigo íntimo de los sueños.
Si pudiera volar,
si volara,
si volara,
si pudiera volar algún día como cuando me quedo dormido
y la voz de la noche despabila mi alma,
acurrucaría mi cuerpo sobre una nube de quimeras repletas de caricias impalpables,
que provocarían el estremecimiento desnudo de todo cuanto soy;
flotría bajo un cielo azul e ilusionado,
mis brazos, serían bruma al amanecer,
alas grandiosamente batidas sobre los cielos de la utopía,
mi corazón en ese instante bombearía el doble de mi sangre,
porque para planera sobre los cielos de la utopía, hace falta sangre, mucha sangre,
corazón, mucho corazón.
Si pudiera volar,
si volara,
si volara,
si pudiera volar algún día como cuando me quedo dormido
y la voz de la noche despabila mi alma,
no habría entonces un insignificante bostezo de cansancio
en la memoria de los hombres,
al contrario,
una gota persistente de vitalidad
resbalaría sobre la piel que los años se encargan de curtir.
Una piel curtida es el signo de que los años tejen la belleza a su manera,
y
que la disciplina natural,
contempla sin evasivas el deterioro de nuestros cuerpos,
es sólo cuestión de tiempo.
Si puediera volar,
si volara,
si volara,
si pudiera volar cerrando los ojos despierto
e imaginar que ya no hay sombras
ni sospechas
ni esquinas
ni callejones que se ocultan en la madrugada,
y que la noche entrega sus armas,
podría a lo mejor transformarme como una larva en mariposa,
y en la inmediatez de la metamorfosis
asistir a una clase acelerada de mi propia historia,
y comprender de una vez por todas
que las utopías se incendian aceleradamente.
Si pudiera volar,
si volara,
si volara,
si pudiera volar algún día como cuando me quedo dormido
y la voz de la noche despabila mi alma,
desterraría todos mis sueños a una canción de cuna,
donde cada nota sería una lágrima herida.
Es una necesidad,
como cuando me quedo dormido
y la voz de la noche,
trémula e ingenua
desaparece sin dejar rastro.
II
Algunas palabras echaron a volar hacía ninguna parte,
perdidas en la inmensidad de un gran agujero negro.
Un puñado de hojas muertas se desplazó unos metros,
formando en aquel instante círculos de temos
que acosaron y derribaron su alma.
Era un ser despreciable,
siempre bajo el cáncer de la derrota,
tragando su propia saliva,
ahogado en su propio vómito.
No debes hincar tus rodillas contra el suelo,
ni postrarte ante una figura de barro que se deshace entre tus dedos,
porque eres tú mismo el ídolo vencido
que se refugia en la mentira.
No eres quien dices ser,
ni el viento te acaricia con la suavidad que deseas,
se desliza sobre tu faz con furia y compulsión,
para cerciorarse de que aún vives o sobrevives
entre los gusanos podridos
que se han zampado tus ideas.
Ya no posees recursos para salir corriendo y esconderte del mundo.
Desterrado en un cuerpo que se atrofia sin piedad,
no te quedan fuerzas para seguir luchando
contra seres invisibles que sólo tú ves,
y que pululan en la noche vociferando tras de ti,
acechándote en la ciudad que desgastas con tus zapatos sucios y rajados.
No,
aunque no lo creas, no has podido permanecer inmóvil e indiferente,
porque una brizna de ternura se ha colado por tu piel,
ha invadido de esperanza tu desesperanza enfermiza,
y en una mañana cualquiera te has despertado sin apenas darte cuenta,
no ha sido la casualidad ni tampoco la fortuna,
has recobrado la conciencia, tú penúltima oportunidad.
III (ÉL QUERÍA SER)
El hombre y su esencia son mucho más fuertes,
más nobles,
más bravos,
mucho más que una calavera hueca y sin nombre.
Él quería ser de otra estirpe,
sin valorar en absoluto que cada uno es lo que es, sin más razonamientos.
Jugó con fuego, se quemó;
ardió su vida, y a la vez, la vida de otros.
Casi todos los días soñaba que volaba alto,
muy alto,
tan alto, que su peso en el espacio era incorpóreo
y
un orgasmo onírico se apoderaba de su ser
mientras permanecía volando en el sueño.
Cuando despertaba,
la crueldad de las aceras se amontonaban en su retina,
su memoria y la memoria de las calles,
quebradizas, absolutas e irreemplazables
lo atosigaban brutalmente.
Él quería ser un loco bohemio,
un romántico extinguido,
una palabra exacta,
en un libro exacto,
en una vida exacta.
Fue demasiado.
La velocidad de la vida se consume con los excesos,
y una jauría de aves de rapiña,
está dispuesta sobre el cielo
para arrancarte hasta la hiel de tus entrañas
sin demoras ni remordimientos.
Él quería ser un punto en el universo,
trazar una línea recta para tocar el cielo con los dedos,
acariciar las nubes de algodón,
saltar,
abatirse para siempre sobre ellas.
Él quería,
ahora no quiere tantas cosas,
ni sueña tanto como antes.
IV
La memoria tiene tintes de grandeza,
colores mezclados de mil colores
que se inventan con el transcurrir de los años.
Permanecen en tus ojos con una mirada cansada,
como tu cuerpo, cansado,
como tu mente, cansada,
como tu alma, cansada,
todo tú, al únisono, completamente cansado,
porque estás cosido de restos y la aguja que ensartas
se ha ensañado con voracidad entre tus añoranzas.
Por eso,
ya no campas libremente entre ellos,
te has convertido en el vagabundo de de tu memoria,
aunque en el fondo no quieres,
lo noto en cada página que me lees cuando estamos a solas.
Vivir de los recuerdos es pagar un preciodemasiado alto,
una angustia vital,
un esfuerzo agotador que ataca con sufrimientos al presente
que te da la bienvenida.
La vida es un regalo llena de tiempos:
presentes,
pasados,
futuros,
futuros,
presentes,
pasados...
Entonces,
tendrías que preguntarte: ¿por qué te empeñas en robarle a cada tiempo su tiempo?
¿Es qué acaso aún permaneces sumido en el dolor de la traición?
Muchas veces no te entiendo, ni me entiendo yo tampoco,
porque tu y yo somos lo mismo:
una figura efímera y frágil que se esconde en una cueva de sombras.
V
La sangre de la herida vuelve a veces,
sobre todo, cuando permaneces en el mismo paréntesis de tu historia demasiado tiempo.
Es preciso que te reinventes,
respira con profundidad la suave brisa
que la experiencia de los años te ha otorgado,
y reposa,
aunque no comprendas muy bien por qué.
Sometes tus impulsos a los dictados de una conciencia renovada,
y
no vuelvas sobre el fango que cubrió tu suerte.
No desesperes sin en el camino aparece el miedo,
los fantasmas,
y aquellos seres invisibles que acompañaron tus pasos
cuando dejaste de existir por algunos años.
Es lógico.
Permanece quieto,
tranquilo,
y deja que las manos de los que te quieren curen las heridas.
Atiende al silencio,
sí al magnífico silencio que es como un antibiótico para tu alma cargada y lesionada.
No vuelvas el rostro cuando te mires en el espejo,
porque en el espejo podrás contemplar
las huellas del deteriro de tu vida sobre tus ojos,
y en ellos,
un pozo de agua cristalina inconfundible
que te devolverá a la realidad.
VI
Si volara,
si pudiera volar algún día como cuando me quedo dormido
y la voz de la noche despabila mi sueño,
no habría un hombre más feliz sobre la Tierra.
José Antonio Lato Nogales, (Del libro: "Existe otra voz dentro de mí", págs, 47-55)
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27 Diciembre 2007
LUZ Y POEMAS
La luz,
renaciendo desde el fondo,
desesperadamente,
rugiendo,
aullando,
provocando que las cenizas de la vida
sean sólo humo
y desmemoria.
La luz,
sólo la luz
en última instancia,
presagiando que los grilletes de las sombras y los colores grises
también se han convertido en desmemoria,
desememoria de la oscuridad
que aferrada a la piel de mi alma
siempre quiso ocultar cualquier atisbo de rayo iluminado.
Sí,
la luz de la vida arrancándome hasta el último signo de rencor o deshicha,
aplazando el tiempo de la impaciencia por la búsqueda sosegada
del alma del universo
y de los hombres.
Es obvio que la transparencia de la luz
causa un efecto vivificante,
y que su tonalidad de pureza
es como un manantial de agua cristalina en mitad del desierto.
He visto la luz en mis poemas,
en los poemas de otros,
en la estela de la poesía viajera e incansable.
Sí,
la he disfrutado llorando o riendo,
en el silencio de sus páginas o
escuchando el eco de mis lecturas en busca del ritmo
y la esencia perfecta de las palabras.
Estoy a punto de abandonar
a aquél que se paseó por las páginas de este libro
(mi primer poemario escrito),
bajo el hechizo de una luz prodigiosa,
aunque jamás renunciaré
ni al rastro ni al rostro
de las voces de antaño,
porque la luz es como la infancia:
"pequeños fragmentos contenidos en el almacén de la memoria
que
además de imborrables, son necesarios,
para que las señas de identidad queden siempre intactas."
Luz y poemas.
Alma y palabras desafiando todo cuanto me rodea.
He descubierto que ya no estoy solo
y que jamás lo estaré,
porque luz y poemas
es lo único que preciso para imaginar
que la vida es un juego por el que merece la pena arriesgarlo todo.
José Antonio Lato Nogales ( del libro: " Existe otra voz dentro de mí", págs 78-80)
Hoy quiero dedicar este poema a todos aquellos lectores que visitan este blog y que de alguna forma, con sus comentarios y visitas, le dan aún más sentido y vida.
Gracias a todos.
Un fuerte abrazo sincero y humano.
José Antonio.
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21 Diciembre 2007
TIEMPOS DE MISERIA
"A los políticos les gusta más la
basura que la cultura"
(Jesús Quintero)
Una vez más, por desgracia,
me veo en la encrucijada de escribir sobre las tragedias de la vida,
y no quisiera hacerlo,
sobre todo de las tristezas,
de las pobrezas de los hombres,
de la muerte inaceptada,
de las sombras que arremeten con violencia a los más débiles,
de la farsa y el circo que la política y los políticos dramatizan sin
escrúpulos
bajo signos de incultura popular.
Ni me gustaría escribir de colores oscuros, casi obscenos
que palidecen y amarillean nuestras vidas.
No,
no es esta mi intención,
pero en mi afán o don o defecto natural que me caracteriza,
presto atención calladamente,
introspectivamente, no me queda más opción que levantar mis burdas palabras
en un alarde de razonamiento lógico y humanista.
"Amanece un día más sobre la ciudad de los desdichados,
donde un sol abrasador
hace que resalten en las gentes que se agolpan y amontonan
como desperdicios en las esquinas,
las miserias del planeta.
No oigo risas,
ni aplausos,
ni alguna música alegre y divertida,
tan sólo escucho un susurro de lágrimas intensas,
profundamente asfixiadas por el padecimiento que produce
sentirse y saberse deshecho,
arruinado entre escombros,
relegados por unos y otros.
Sólo veo manos,
manos que se acercan con recelo a los contenedores de basura
y adquieren para sus estómagos una pieza de mierda a la boca,
lo único que podrá mantenerlos vivos,
al menos, un día más,
unas horas más,
unas décimas de segundo más.
¡Es espeluznante!
Imposible hallar entre las migajas del mundo
el alimento de millones de cadáveres prematuros
aprosimándose al mausoleo
que los paises desarrollados han construido para ocultar la verdad.
Sencillamente, la ética ha sido usurpada,
y el engano, se ha sentado a gobernar con el exterminio en su agenda política.
No,
no oigo risas,
ni aplausos,
ni alguna música alegre y divertida,
tan sólo veo mujeres vestidas de negro,
y hombres vestidos de negro,
y niños,
y niñas...
Todos vestidos de negro.
Es un espectáculo de luto impuesto en esta mañana
donde las vergüenzas delos hombres no se pueden encubrir."
Tiempos de miseria que deben concluir,
no existe otra salvación para los hombres,
para los pobres hombres,
para las pobres mujeres,
para los niños y niñas pobres.
En este show de hoy,
muchos llevan las manos atiborradas de mierda,
y sus pies, y sus manos, y sus caras,
todos sus cuerpos escupidos de mierda.
No,
no oigo risas,
ni aplausos,
ni alguna música alegre
y divertida.
José Antonio Lato Nogales (Del libro: "Existe otra voz dentro de mí", pags, 69-72)
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19 Diciembre 2007
LA SUCIEDAD DEL SUBSUELO
"... me pregunté si aquello era lo que se veía al emerger desde la suciedad del subsuelo a la claridad de la intemperie, si el pasado no era un lugar permanentemente alterado por el futuro y nada de lo que había al final del túnel copiaba lo que había antes de entrar en él, me pregunté si era aquél el final verdadero de todo, el final del viaje, el final del túnel, el boquete en la puerta de piedra. Ahora si, me dije, poseído por una extraña euforia. Se acabó. Finito. Kaputt..."
(Javier cercas, La velocidad de la luz, edit. Tusquets)
El alma suda sangre,
frío,
viento,
tempestades,
huracanes.
El alma sudo porque se detiene con asiduidad en el pasado,
volcando su perfume en una cloaca inmunda.
El alma suda y huele y duele descomunalmente.
Huele a heridas,
cicatrices,
padecimientos,
pérdidas,
errores, huele a todo eso que es intangible pero
que derrumba,
que destroza,
que deteriora,
que marca a hierro el carácter y nos vuelve huraños,
ensimismados,
intratables.
El pasado es una losa que pesa demasiado
porque el presente pide a gritos su lugar,
y entre pasado y presente
queda un espacio intermedio que nos estrangula,
al que retornamos incorregiblemente,
jugueteando impunemente a matat el tiemp que quedó atrás,
si apreciar, que el tiempo una vez desperdiciado es irrecuperable.
Es como si nuestra vida
fuera una huella grabada por la memoria,
abandonada al azar de aquello que ya no existe.
El pasado es como un veneno lento,
mortífero,
traicionero e inexacto,
adquiere el aspecto de nuestro mejor amigo
y en el fondo de sus bolsillos
guarda una pistola cargada con una bala para cada uno.
No pretende otra cosa que matar,
matar a destiempo.
Es un espctro que mora entre sedimentos inconfesables de ruinas y manías,
que infinidad de veces aparece ataviado con una máscara de derroche e infamias,
ocultando la desgraciada teoría del suicidio.
Si coexistimos con él,
caemos al suelo ebrios de quebrantos, desgastes y sandeces.
Es una habitación de la locura,
porque, a veces,
suena como un martilleo sobre nuestras cabezas
y no sabemos de donde proviene.
Por eso es urgente adoptar otra filosofía existencial,
alejada de cualquier signo de traición,
porque cuando el pasado se instala en nuestro presente,
es porque estamos desertanto de nuestro propio ciclo vital,
y entonces,
desmayados y sin fuerzas,
sustituiremos el concepto de la realidad
y arderemos en la hoguera de nuestra ignorancia.
Seremos sólo humo
y desapareceremos sin dejar rastro.
José Antonio Lato Nogales (Del libro: "Existe otra voz dentro de mí", págs, 60-62)
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15 Diciembre 2007
LA RELIGIÓN DE LAS TRISTEZAS
I
El otoño es la estación de las tristezas
y llega acompañado por una tormenta de hojas sobre el suelo.
Es parecido al carácter del hombre
que compone canciones para nadie en un sofá incómo y feo.
Con el otoño, el temporal que trastoca el ánimo,
se acomoda alrededor de las horas
que parecen estar hilvanadas con recortes de pesimismo,
y se filtra por esa parte ociosa y desolada
que acompaña a la vida como un perro faldero y baboso.
No hallo explicación convincente
de cómo el ánimo es capaz
de decaer a pasos agigantados.
desvaneciéndose en una siniestralidad atroz,
y los días, que podrían ser un caudal de enriquecimiento e interés,
caemos aletargados,
atrapados totamente,
como en una red de telas de araña,
y somos las víctimas,
y no encontramos otro remedio.
Es posible que la mayoría de las veces pudiéramos escapar
sin más preocupación que entregar nuestro cuerpo en la lucha,
como guerreros adheridos al honor de la batalla.
Porque es cierto que, "más vale morir cien veces de pie
que vivir cien días arrodillados".
Es una pelea excelsa que transcurre en la superficie de nuestro cerebros.
Casualmente entristecemos, ceñidos al incógnito infinito
que nuestra especie posee en el subconsciente,
y así
deslizando nuestra personalidad entre el miedo y el asombro,
nos paralizamos,
y abatidos
enarbolamos una bandera blanca
sin otro fin que firmar una tregua.
No es oro todo lo que reluce.
Alrededor de nuestras vidas se percibe un hedor de amargura
que no cesa de oprimirnos.
Deberíamos ser más inteligentes,
más racionales,
más psicológicamente aptos
y ganarle la partida a ese otro yo de negatividad que nos corroe.
Es como si fuéramos los fieles de una religión impracticablr,
y lloráramos,
y rezáramos asumiendo que no llegaremos a ninguna parte.
No es el camino.
El carácter debe estar cimentado en las circunstancias de nuestra propia vida,
asumiéndolas sin cobardías ni reproches,
porque la vida es como la poesía: "un perfecto universo de emociones
que no sabemos bien cómo se forma
o en qué condiciones se hace,
pero que salta en mil palabras para decorar las paredes del alma.
II
Si alguna vez han traspasado tus manos y tus pies a golpes,
han colocado dos clavos, uno en cada mano,
y tus chillidos, impresionantes,
han llegado desde el infierno a algún sitio que aliviase tu sufrimiento,
y una vez ya, molido y exhausto, han traspasado también tu costado,
sabrás, que toda la sangre derramada
y que todos los alaridos del mundo son sólo la interrupción de una vida angustiada: la tuya.
Es que no se pueden sobrellevar tantos kilómetros de tu extenso calendario
en una ausencia casi completa de luz,
ni permanecer invariablemente entre las rejas visibles
de esas habitaciones sombrías que has ido fraguando con lentitud,
son insensibles,
incómodas,
carentes de la sonrisa que un ramo de flores silvestres podrían
provocar en tu semblante,
que paseas lleno de ojeras,
maquillado por largas y agonizantes noches de insomnio.
No te basta con saborear la belleza de las cosas calladamente,
ni aprovechar los momentos de la vida
como un soplo de felicidad que no vuelve,
evaporándose con fugacidad entre tus manos,
no,
necesitas malgastar tus energías en un complot de estupideces,
desahogándolas banalmente en el retrete.
Te vacías en la lucha desgarrada que no te lleva a ninguna parte.
Has entrado en el mal camino.
Has tomado la religión de las tristezas
como quién desayuna café con tostadas recién hechas.
Te has equivocado.
(Del libro: "Existe otra voz dentro de mí", págs, 56-59.
José Antonio Lato Nogales)
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