"FLORES..."

Flores para los vivos y limosnas para los muertos
Cae la nieve despacio, serenamente,
acercando su textura a los tejados de los edificios.
Toda la ciudad está cubierta cubierta de blanco.
El cielo es un maremágnum.
Poca gente por la calle, árboles, cahrcos, aceras resbaladizas.
Me figuro que el camposanto tiene su alma destapada,
y que los huesos que allí reposan sinten tanto frío como los nuestros.
No, no me gusta visitar los cementerios.
Cuando de forma fortuita he franqueado sus puertas,
fuertes impresiones quedaron grabadas en mi espíritu.
Cualquier funeral es odioso,
sobre todo, si la muerte te arranca un fragmento de tu alma.
Porto un ramo de rosas en mis brazos,
y su aroma me traslada,
hacía una ola de nostalgia
que me arrastra.
De pronto visualizo a mi madre inclinándose sobre mi cuerpo.
Me habla al oído, muy bajito, como si no quisiera interrumpir mi sueño.
Me muestra un reloj.
Dice que es para mí.
Me lo regala.
Lo coloca sobre mi muñeca izquierda.
Me da un beso.
Sigo durmiendo.
Soy pequeño.
ahora siento la fragancia de las rosas aún más frescas y más cerca.
La tumba de mi madre ya no existe.
Yo no pude regalarles flores cuando la sepultaban,
pero hoy, imagino que lo hago.
A lo mejor, ella, en este preciso momento,
me esté impregnando con la esencia de su aliento.
Le he dado esta mañana un beso a su retrato que sobre mi escritorio luce.
Es una fotografía en blanco y negro, como las de antes, ¡está bellísima!
Todos los días pienso en ella,
no puedo evitarlo,
tampoco quiero.
La nieve ha dejado de caer,
y
la ciudad ya no está cubierta de blanco.
He visto su silueta, se pasea sobre mi cabeza.
José Antonio Lato Nogales(del libro:"Existe otra voz dentro de mí",
págs, 42-44)




de-amanda dijo
Hola poeta, seguro que tu madre esta orgullosa de tí, este donde este ve que su hijo la sigue recordando con cariño y para ella es su mejor regalo.
Mucho sentimiento en este relato.
Gracias por el libro, ya te dire. Mercedes.
10 Diciembre 2007 | 10:04 PM